En todo el mundo, las defensoras de derechos humanos —mujeres, personas trans y no binarias que trabajan por la igualdad de género, los derechos sexuales, la justicia territorial y la autonomía de los cuerpos— enfrentan formas de violencia que no son aleatorias, sino generalizadas. La criminalización, el acoso digital, las campañas de desprestigio y la violencia física se dirigen específicamente contra ellas por ser mujeres y por su trabajo. Ser defensora implica cargar con una doble exposición: la que surge del trabajo político y la que surge de existir en un cuerpo que el sistema busca controlar.
Acompañamos a Women Human Rights Defenders International Coalition en la elaboración de un informe global sobre su situación a través de una metodología que recoge relatos, voces y experiencias de las propias defensoras. Así, el proceso combina entrevistas en profundidad, espacios de reflexión colectiva y documentación de historias co-construidas con las protagonistas. Un análisis sistémico que examina cómo el poder, la represión y el cuidado se interconectan a través de contextos, territorios e identidades.
Desde una perspectiva feminista, decolonial e interseccional, buscamos comprender qué amenazas enfrentan las defensoras, cómo operan los sistemas que las producen y cómo las propias defensoras los transforman.